Ella me arrastró al ambiente y ahora me pregunto si soy el malo de la película
Yo dije que sí porque la amo y porque me daba miedo perderla, pero la verdad nunca lo habría propuesto solo. Ahora vamos a fiestas cada quince días, ella se ríe, baila, vibra como nunca la había visto. Y yo me siento como un acompañante, como el weón que va para no aguar la fiesta. Lo más raro es que cuando lo conversamos ella me dice que soy yo el que tiene que poner límites, que ella no me obliga a nada. Y técnicamente tiene razón. Pero hay algo en cómo se ilumina cuando alguien le tira los perros que me hace sentir que si yo dijera no, ella se iría igual con o sin mi permiso. ¿Soy el malo por sentir esto? ¿O ella es la mala por haberme metido en una weá que no era mía? No sé, no encuentro la respuesta y me tiene apretado el pecho hace meses.